sábado, 27 de julio de 2013

La llegada.

Nunca me había subido, en mi sano juicio y manera para recordarlo, a un avión. Sin embargo, este viaje, es decir, el tránsito de mi país a la ciudad de Victoria, en Columbia Británica, se me antojaba, en un principio, algo intangible, que eran sueños u obsesiones mías que nacían por mero interés de estar "un momento fuera de mi país", esto debido a, es cierto, mi desprecio no hacia los mexicanos ni al país o mi cultura en sí, sino al ambiente político y económica que se está viviendo. Es difícil, a estas alturas, describir, honestamente, con belleza a mi país, pues una sombra ha caído sobre él llevándose consigo miles de víctimas de una guerra fratricida. Pero decir que sólo es narcotráfico, violencia y cuerpos rodando por las calles es, opuesto a lo que me planteé alguna vez, una figura parcial del mundo, de mi país. Es echar al drenaje miles de años de cultura, sociedad y tradición por una serie de desgastes sociales que concluyeron con una absurda guerra. Sin embargo, hablarles sobre "esto" no es para deslindarme ni independizarme de lo que soy, sino mostrar que mi juicio, primero, ha nublado la idea que tengo de mi país y, segundo, incrementado esa necesidad de "escaparme", para desenvolverme como deseo. En palabras cristianas: los políticos y demás autoridades se han vislumbrado con la ceguera del dinero, volviendo corrupto el sistema -ideas que ya saben y no está de más recordar- de nuestro país. ¿Acaso esto no es más que la reiteración -refiriéndome al retorno del príismo y el obvio fracaso del "papismo" del PAN- del poco talento de los políticos y la falta de interés de muchos ciudadanos que venden su voto por unas cuantas monedas? El fracaso se debe, precisamente, a la falta de interés de "hacer girar" el timón y "virar" las urnas en favor del país. En otras palabras, huí de mi país, por el escaso interés de las autoridades. Ahora, pues, mi llegada sabe a incertidumbre.

sábado, 23 de febrero de 2013

At reunion

"When I was a child, my dad tried to forget me at his house with his new family", said Robert when she had came to his home to forget the hours with a few of chocolate, "He married, again, with a new girl, she was younger than him, more than you, my friend, obviously in that time".
Sarah, the mate of Robert, drank chocolate and experimented the advantages of being the new girl at school. A new meat for the wolves and the tigers. New meat, delicious. But when she appeared on his life, she thought that Robert was disaster as student: not intelligent, nor handsome and nor interesting guy. Not and nor: hers favorite words. But the poverty of her spirit was a line which divided the reality and hers feelings, real feelings as cry for somebody. "Oh! But the new wife was pretty, intelligent, didn't she?", said Sara and understood her mistake. Idiot saying that X is better than mom. But where mother was, who was she?
"The new girl was... er... the new wife, obviously younger and nice body than my mom, but when you've cried for somebody for a long time, the clouds don't have a real meaning", Robert stopped his speech and saw the Sarah's face "my mom was killed by sadness".

"My uncle wrote poetry", said Sarah to Robert, "he believed in a nice and lovely God who lived on his blood, done with his blood". Robert took her hand. A poet like him, a life poet. But God done with blood, that sounded different. Not like the green God who lived in the drus of his mate, Peter the white donkey 
"Why did your uncle think about that?"
"Because his life was bored and his family was... er... how you said... idiot, may be?"
"A poet thinks the others don't understand about him or her".
"It's true".
Silent. A bird at the tele began to eat and fly for the artificial woods: the artificial landscape. Yes, she felt like a bird at tele: enclosed. She, a bird; he, a bird. But we were enclosed at his room.
"I lived with him, Robert, like you lived with your mom", she said and hers lips enclosed by her soul, "my parents were living in theirs minds. I was a shadow for them and my uncle, brother of my mom, gave me a place in his family and the world. When I was a child, my world was my room and the dolls".
"My dad was... anyway, the point is that the world is ours, but ours lives weren't perfect like we wanted".
But now they where watching tele, a movie about a bird which wanted to return to some place called Up. But the sky was not its friend. Sara took a piece of cake and saw the cherries on her hand. When her uncle lived, he used to cut a piece of cake and told her a story or poem wrote by him. She began to cry and hers tears fell for her face, crossing the cheeks like a river. But Sara need to know the adventures of her life.

EDUARDO GUTIERREZ

sábado, 16 de febrero de 2013

And myself...

When I write my stories, I feel like if my life or a piece of the sou remain enclosed within letters, swimming in eternity, When I write my stories, the pieces of soul are dancing upon Tyne, as the petals of a chrysanthemum which burns itself too provoke a bed smell, a sacrifice of flavor. My flowers that they've importances are the chrysanthemums, lilies and the tulips. But the flowers in my writing have not appeared frequently.
The flowers and my writing, but the literature is the flowers and song of own life, but my letters are very mellows and common figures; but the feelings and their relationships with the words' world tend to be described by common metaphors. Well, I'm being or becoming a man of excuses.
Long ago I wrote about my writing and my reading, leaving them in the background in my charts, I've always been thinking about my problems and my confers moral mood and let the books in the bookshelf. Long ago my writings on this charts are boring. Well, what was the last book I read? I'm reading two books at a time, now I0m reading "Gilgamesh", and "Howl's moving castle", and the last books were "Las horas fortuitous" and "El novelista ingenuo y el sentimental".
The first book ("Las horas fortuitous") was a thing-stranger, because it is about the homosexual relationship between two guys, who lives in Zacatecas. If I read like a tourist, I know the citiy, Zacatecas. The second book was a teoric maters to write my novel.
Speaking of my novel, I need to write it.

lunes, 11 de febrero de 2013

Comentario a "Las horas fortuitas" (3 de 3)


Tercero
El tema del tiempo es un tópico que no voy a tratar en este tercer apartado, sino sobre los nexos existentes con el mito de Penélope. Una mujer en la espera de su hermano y, por supuesto, deshila el tejido para evitar el compromiso, por supuesto con alguien más. La honestidad de esta novela radica en que se vuelca en un compromiso difuminado: hablar sobre el amor. Sin embargo ¿cómo entender el amor si no se conoce el desamor y la desilusión? ¿Cómo entender, en otras palabras, el papel de la espera?
            Incertidumbre y cuestionamiento ¿qué pasó en esta relación homosexual que orilló al protagonista desatar los nudos de su existencia? Una pregunta que flota, en realidad, podría ser una de las intrigas, si se trata como una novela policiaca. Aunque, bajo esta premisa, el lector comienza a preguntar sobre el pasado del personaje y cómo llegó a su presente.
            El viejo cliché: infidelidad y un amor absorbente. Claro, esa era mi hipótesis (errónea). Lo importante es, básicamente, la ruptura y sus consecuencias: esperar al amado por varios años y atenderse a la pregunta ¿qué pasó? Situación que no está alejada de la realidad. He ahí la incertidumbre en el qué pasó o en el qué hizo el personaje para llegar a ello. Se sabe que el amante fue importante para él, pero es una circularidad que cuestiona y lleva a una caída en espiral, porque la trama desciende por distintos niveles melancólicos, por decirlo de algún modo, llevados por el recuerdo para volver a la superficie. Es decir, la novela Las horas fortuitas es un viaje por el propio dolor y la duda del mismo amor.
En este aspecto, la figura de Penélope se vuelve más un punto de referencia porque si bien el protagonista desteje su propia existencia, hace chambritas, intentando entender su propio presente a partir del pasado, bajo la incertidumbre y la duda comienza tejer su presente. Es decir, es un juego doble: tejer y destejer para encontrar la respuesta, no sólo de un desamor sino de sí mismo. Como cualquiera, el dolor lo volvió más complejo y la incertidumbre vuelve en este mismo juego de dobles: ¿qué pasará si vuelve? O ¿Volverán los protagonistas? ¿Qué va a cambiar?
Ahora, el protagonista Penelópico (por decirlo de algún modo) se vuelve confuso por su complejidad, aunque es cierto que son pocas las acciones descritas por el autor, básicamente cotidianos.  Esta complejidad es un nuevo acierto en la novela, ¿cómo entender, pues, el amor si no se ha vivido el desamor? Porque también hay un planteamiento, espero no errar en esta hipótesis, sobre la dependencia anímica hacia el otro, fundamentado en una simbiosis espiritual, convirtiendo al otro en una necesidad más que en un complemento. Esto, pues, postula a una ironía: la espera encaminada hacia una necesidad del otro, sin embargo ¿qué pasa si en una relación como esta el otro desaparece? La propuesta de la novela es la espera y la presencia de la incertidumbre.
En la primera parte, consideraba esta novela como algo impalpable, ¿a qué se debió esta etiqueta? La novela presenta un grado de dificultad reflejada en la estructura, primero, del tiempo y de las acciones —lo vuelve un espiral—, y, segundo, en la complejidad de los personajes. En el tiempo, se plantea algo interesante: lo fortuito en las acciones,  el cuestionamiento, precisamente, del por qué de las cosas y del por qué la casualidad cambió el plano del personaje. Es decir, cómo la ruptura de un amor, ligada a los comentarios de una mujer (Laura), dañó a dos individuos (habría sido interesante conocer la visión del otro ante esta ruptura) y cómo esto se tradujo en una pausa intermitente reflejada en la espera.
Lo impalpable radica en cómo las acciones o los comentarios de otros pueden afectar las relaciones humanas, las circunstancias y sus posibles consecuencias, volviendo un mundo de complejidad algo relativamente simple. En otras palabras, lo impalpable se deja sentir en lo fortuito y esto se refleja en la espera y la incertidumbre, a través de los recuerdos y lo cotidiano.

martes, 15 de enero de 2013

Comentario a "Las Horas Fortuitas". (2 de 3)

Café San Patricio, Zacatecas.

Segundo.

Hace unos días terminé de leer El novelista ingenuo y el sentimental (Random House Mondadori, 2012), por Orhan Pamuk. En él, el premio Nóbel de Literatura 2006 habla que toda novela tiene un centro o un tópico donde todas las terminaciones literarias, a manera de nervios, se unen.  «El lector de novelas literarias sabe que cada árbol del paisaje […] está ahí para resaltar el significado más profundo, el centro secreto que se halla en algún lugar bajo la superficie» (p. 122). Esto es ya una obviedad, para quien es un lector o tiene un recorrido hecho en los libros: el lector reconstruye el libro, como detective, para encontrar el secreto o el centro que el autor nos dejó en el libro. Siempre volveré a la novela para responder esta pregunta y la pendiente allá arriba.
¿Cuál es la búsqueda de Las horas fortuitas, el centro, empleando las terminaciones de Orhan Pamuk? Primero, el tiempo es pieza esencial en la obra, hay que tomarlo siempre en cuenta, porque «en torno a él se atan las certezas e incertidumbres del narrador» (García, 11 de septiembre de 2012). El tiempo permite apreciar el cuadro: un hombre dolido. Segundo, importa hacer una lectura minuciosa de  esta novela corta. Segundo, como lector descubrí que hay temas que se entrelazan y se confunden o confunden (¡acierto del autor!). Plantea un hombre (Andrés) que no ha logrado cerrar el duelo tras la ruptura con su pareja (Iván) y su proceso ha durado diez años y durará más tiempo. En esta duración, se descubre un personaje (Andrés) que deambula, un Ulises.
Segundo, los personajes periféricos a la pareja son también importantes, como lo hace notar el dr. Alejandro García:
Laura cobra lo que le han hecho y con eso se lleva por delante a Iván y a Andrés. Sólo después sabrán que han sido víctimas del juego sucio y que aunque esto destrabe las imágenes, tendrán que reconocer que han sido incapaces de buscarse, de decirse, de reclamarse y se han conformado con vivir las horas fortuitas, las horas de la no existencia, a merced de la furia y los rencores del pensamiento. La felicidad no será. ¿Algún día fue posible? (11 de septiembre de 2012)
Laura coloca la semilla, sin embargo, la ingenuidad o estupidez de Iván hace germinarla: el hecho de creer a fe ciega lo que se dice. Un amor condicionado por el dinero, es lo que se trasluce en este conflicto. Una banalidad finalmente que costará el tiempo y el amor a Andrés.  Ante esta ¿desconfianza? o estupidez, nace lo que se concluye: ruptura producido por un chisme.
Tercero, un tema tratado por la novela son, obviamente, las relaciones amorosas, en este caso el habido entre Andrés e Iván. ¿Es acaso este el tópico central de la novela corta? Andrés está añorando su pasado, como si buscara en él asirse de lo que dejó en la vuelta de la esquina, aunque, como Penélope, teje sus esperanzas para el retorno del héroe o su amor.
Creo que el tópico central se difuminan en relaciones que siempre son difíciles e implica un trabajo entre dos. Es decir, ¿cuál es la difusión del tópico? El tema central es, sin duda, el amor (orientado en las relaciones homosexuales o noviazgo),  que se expande hacia otros aspectos: la espera, el dolor, el engaño y el juego. Sin embargo este atrevimiento lo tomo con palillos chinos, puesto que en el principio de la novela nos plantea un personaje que vive un duelo tras la ruptura con su pareja hace diez años —los psicoanalistas dirían que la situación del sujeto ya rallaría con lo enfermo u obsesivo, sin embargo hay que depositar en la biblioteca la teoría psicoanalítica un momento y no enfrascarnos en estas cuestiones —. En otras palabras,  como lector, creí que el centro era la ruptura y la novela fue volcándose hacia las relaciones amorosas y los conflictos existentes en la alcoba y no me refiero a cuestiones sexuales, sino también anímicas. Son las mismas trampas que el autor colocó.
Portal de Rosales (Derecha).
Bien, es cierto que las relaciones amorosas son difíciles, sin embargo, ¿existe diferencia entre las heterosexuales y las homosexuales? Es una pregunta que me planteé mientras leía el texto y, por supuesto, desde mi punto de vista, no existe diferencia y lo único que cambia son los gustos o preferencias. Lo anterior es ya una obviedad y no he descubierto la ciudad dorada de los prehispánicos.
Ante este centro, el tiempo es esencial para encontrar, puesto que
Ante este centro ¿cuál sería, pues, la novedad en la novela? En el apartado previo, hablé sobre la honestidad del texto y que su centro es la relación homosexual ya mencionada. El tópico del homosexual visto sin el aspecto negativo ya está trabajado, mencioné a Maurice; por otro lado, Las noches salvajes (Tusquets Editores, 1993) propone un músico que se presta libertades sexuales y habla sin tapujos el otro aspecto de la homosexualidad: el sexo, el VIH, la promiscuidad y las adicciones. Novelas sobre rupturas hay muchos ejemplos. La novedad, pudiera ser, el replanteamiento del mito de Penélope, quien espera el retorno del amado, enfocado en la homosexualidad, por supuesto.


sábado, 29 de diciembre de 2012

Comentario a "Las Horas Fortuitas" (1 de 3)


El centro de la novela es una opinión o idea perspicaz sobre la vida, un punto de misterio arraigado en lo más profundo, ya sea real o imaginario.
El novelista ingenuo y el sentimental, escrito por Orhan Pamuk

Primero.
He tenido en la mente desde hace unos años la frase de un escritor sobre la literatura zacatecana, sus palabras, tal vez hirientes en su momento, recuerdan las posturas y la absurda enemistad existente entre los escritores de Zacatecas. Sin embargo, no quiero adentrarme a estos comentarios atroces y faltos de conciencia histórica, pero sí un comentario lleno de mercadotecnia y comercial, como un champú anticaspa o un producto para combatir la disfunción eréctil.
En fin, hace unos meses fui invitado por el autor de este libro a una presenta del libro, aunque nunca me llegó la confirmación, siendo la fecha un poco difícil, debido, principalmente, que para ese día debía graduarme de la licenciatura. Cosas que pasan, pero que me permiten escribir o darme un espacio para decir una anécdota con este libro y su universo detrás de él. A cortinas cerradas ¿cuál es la mejor definición para esta obra?: impalpable, en las próximas líneas intentaré dar una explicación sobre ello. Este trabajo está compuesto por tres apartados.
La literatura queer ha cambiado, aunque he de confesar que ignoro sobre ello, lo que sé no es por teoría sino por lectura de las novelas o películas existentes sobre el tópico. Para las personas no versadas: la literatura o teoría queer es aquella relacionada con las minorías homosexuales. La verdad, quiero delimitarme con respecto a una definición, pues no soy muy versado en ello y, lo admito, no quiero cometer la torpeza de escribir o dar información falsa o errónea.
Es cierto que ha habido representaciones de literatura homosexual en años pasados, desde distintas perspectivas. En el género novelístico, sólo por decir un ejemplo, en México se conoce Los cuarenta y uno: novela crítico-social (UNAM, 2010), escrito por Eduardo A. Castrejón, considerada como la primera novela homosexual en México. Mi objetivo, aclaro, no es hacer un recorrido histórico, sino recordar que en años pasados la figura del homosexual se ha visto desde una perspectiva condenatoria (no sólo en nuestro país) y es a partir del siglo XX cuando se comienzan a abrir los horizontes. Un ejemplo de ello es Maurice (Alianza Editorial, 2003), de E. M. Forster, que narra el amor homosexual sin la visión condenatoria.
¿Por qué estoy escribiendo esto? Básicamente porque el autor de Las horas fortuitas se aleja totalmente de la visión condenatoria, de la violencia hacia la minoría y el desconocimiento de la homosexualidad para acercarnos una visión sincera y honesta de lo que es una parte de la vida homosexual en Zacatecas. Tal vez estoy siendo aventurado al decir honesta y sincera, pero hay una razón en ello: el autor logra construir una intimidad y permite la constante comunicación con el texto-lector y muestra al homosexual tal y como es: un ser humano. El primer acierto de la novela es, precisamente, la honestidad.




sábado, 24 de noviembre de 2012

Escribir con el pasado.


Escribir con el pasado
Adso Eduardo Gutiérrez Espinoza

¿En qué momento la literatura se ha convertido en un viaje hacia Allá? En estos instantes, me pregunto si lo que he leído se ha vuelto hacia horizontes que se (des)dibujan y crean montañas perdidas en las verticales. La literatura es, ciertamente, un viaje hacia nuestra condición humana, aunque muchas veces es resaltada con la crueldad o la frialdad de un frigorífico. Hace unas semanas, me encontré con un escritor de mi ciudad, Uriel Martínez, amigo de mi familia desde que tengo memoria (o, mejor dicho, siempre ha estado ahí, aunque jamás me quise preguntar sobre el origen de la amistad entre él y mi padre, pues es irrelevante). Irrelevante como este paso introductorio que he escrito en menos de quince minutos. Decía que Uriel Martínez me dio la noble tarea digo noble porque siempre lo he considerado un escritor con carácter y ya con un camino recorrido que, a diferencia de su servidor, apenas da los primeros pasos de comentar el cuento (¿o relato?) El autobús que me dejó.
He de confesar que peco de inoportuno e incluso de prejuicio, pues el título me recordaba más a una novela de Orhan Pamuk La vida nueva que al claro juego referencial a Lo que el viento se llevó, aunque estas referencias son, básicamente, tomadas de pelo hechos por mi propia experiencia, aunque, en cierta medida, por algo me recordó. El tema, he ahí lo esencial de esta pieza literaria es el viaje. Por supuesto que hilo este cuento con Pamuk por la idea del viaje en autobús y las constantes paradas en pueblos olvidados y por desaparecer.
Tal vez la primera imagen al leer el cuento fue una propia construcción o, en otras palabras, apropiación del mismo, enfocado en mis propios viajes hacia el interior de la república mexicana. Lo tormentoso que resulta estar sentado por horas en un autobús, los filmes tan ordinarios y fútiles que son ya insignificantes cuando el conductor las coloca en las pantallas y, por otro lado, lo maravilloso que son las pinturas campiranas de ese México que está siendo devorado por las constantes imágenes o cuadros de costumbres donde hay militares, armas, narcotráfico y sangre. He ahí lo que despierta El autobús que me dejó: un volver hacia los orígenes rurales de mi propio estado, sin olvidar que el presente continua, reflejando las acciones de un presidente que, gracias a los ángeles, está por irse. Como tal, la obra va encaminada a construir un cuadro de lo que ahora es nuestro estado, sin satanizar (¿o volver cotidiano?) a los soldados con sus vestimentas y sus armas largas.  Sin embargo, ese cuadro tiene un rumor que colinda con el humor, sí, un humor que se construye sutilmente, llamando a clientes frecuentes  o amigos del personaje narrador. Humor que va creciendo como la escarcha o la espuma del champán, hasta borrar las imágenes que, para un lector contemporáneo que ha vivido la violencia actual, se han construido alrededor del militar.
Otro acierto de este cuento es el lenguaje, que intenta reproducir, como lo ha hecho siempre la escritura, la oralidad. Ante esta escritura, el lector se enfrenta a un pasado que puede insertarse en los cánones de una literatura mexicana de la centuria pasada, no por ser despectivo, pero con un toque de lo contemporáneo. Es decir, El autobús que me dejó se inserta entre el pasado por el lenguaje, principalmente, y los cuadros y el presente retratada en los militares. ¿Es acaso El autobús que me dejó un cuento postmoderno?

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