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sábado, 24 de noviembre de 2012

Escribir con el pasado.


Escribir con el pasado
Adso Eduardo Gutiérrez Espinoza

¿En qué momento la literatura se ha convertido en un viaje hacia Allá? En estos instantes, me pregunto si lo que he leído se ha vuelto hacia horizontes que se (des)dibujan y crean montañas perdidas en las verticales. La literatura es, ciertamente, un viaje hacia nuestra condición humana, aunque muchas veces es resaltada con la crueldad o la frialdad de un frigorífico. Hace unas semanas, me encontré con un escritor de mi ciudad, Uriel Martínez, amigo de mi familia desde que tengo memoria (o, mejor dicho, siempre ha estado ahí, aunque jamás me quise preguntar sobre el origen de la amistad entre él y mi padre, pues es irrelevante). Irrelevante como este paso introductorio que he escrito en menos de quince minutos. Decía que Uriel Martínez me dio la noble tarea digo noble porque siempre lo he considerado un escritor con carácter y ya con un camino recorrido que, a diferencia de su servidor, apenas da los primeros pasos de comentar el cuento (¿o relato?) El autobús que me dejó.
He de confesar que peco de inoportuno e incluso de prejuicio, pues el título me recordaba más a una novela de Orhan Pamuk La vida nueva que al claro juego referencial a Lo que el viento se llevó, aunque estas referencias son, básicamente, tomadas de pelo hechos por mi propia experiencia, aunque, en cierta medida, por algo me recordó. El tema, he ahí lo esencial de esta pieza literaria es el viaje. Por supuesto que hilo este cuento con Pamuk por la idea del viaje en autobús y las constantes paradas en pueblos olvidados y por desaparecer.
Tal vez la primera imagen al leer el cuento fue una propia construcción o, en otras palabras, apropiación del mismo, enfocado en mis propios viajes hacia el interior de la república mexicana. Lo tormentoso que resulta estar sentado por horas en un autobús, los filmes tan ordinarios y fútiles que son ya insignificantes cuando el conductor las coloca en las pantallas y, por otro lado, lo maravilloso que son las pinturas campiranas de ese México que está siendo devorado por las constantes imágenes o cuadros de costumbres donde hay militares, armas, narcotráfico y sangre. He ahí lo que despierta El autobús que me dejó: un volver hacia los orígenes rurales de mi propio estado, sin olvidar que el presente continua, reflejando las acciones de un presidente que, gracias a los ángeles, está por irse. Como tal, la obra va encaminada a construir un cuadro de lo que ahora es nuestro estado, sin satanizar (¿o volver cotidiano?) a los soldados con sus vestimentas y sus armas largas.  Sin embargo, ese cuadro tiene un rumor que colinda con el humor, sí, un humor que se construye sutilmente, llamando a clientes frecuentes  o amigos del personaje narrador. Humor que va creciendo como la escarcha o la espuma del champán, hasta borrar las imágenes que, para un lector contemporáneo que ha vivido la violencia actual, se han construido alrededor del militar.
Otro acierto de este cuento es el lenguaje, que intenta reproducir, como lo ha hecho siempre la escritura, la oralidad. Ante esta escritura, el lector se enfrenta a un pasado que puede insertarse en los cánones de una literatura mexicana de la centuria pasada, no por ser despectivo, pero con un toque de lo contemporáneo. Es decir, El autobús que me dejó se inserta entre el pasado por el lenguaje, principalmente, y los cuadros y el presente retratada en los militares. ¿Es acaso El autobús que me dejó un cuento postmoderno?

viernes, 12 de septiembre de 2008

En el Nido del Cuco

En el Nido del Cuco

One flew over the Cuckoo’s Nest, basada en la novela Ken Kesey, nos cuenta la desgarradora historia de un grupo de pacientes psiquiátricos. Este proyecto cinematográfico, dirigido por el checo Miloš Forman, tuvo una gran aceptación por el público debido a la excelente producción y las memorables actuaciones de Jack Nicholson (McMurphy) y Louise Fletcher (Mrs Ratched). A continuación, analizaré el comportamiento no verbal de Ratched y el Jefe, enumeraré algunas conductas que causaron acciones muy importantes e indispensables para la trama de One flew over the Cuckoo’s Nest (En castellano: Atrapados sin salida) y cerraré con un pequeño comentario del mismo.
Adentrarnos en el mundo de Ratched es complejo y contradictorio, los cuales se entremezclan dando como resultado un personaje muy interesante. Los comportamientos no verbales de la enfermera, la odiada por McMurphy, son indispensables para conocer su personalidad. La primera aparición de la mujer nos muestra, con sus pasos rígidos, silenciosos y fuertes, la altanería y la elegancia que arroja por doquier. Tiene autoridad en el lugar, los demás la saludan, casi reverenciándola; sus años de trabajo le han creado un halo de respeto y honorabilidad: es la mejor del hospital, cuyo porte es frío, distante, reservado y muy serio. Es la figura de autoridad más cercana a los pacientes psiquiátricos.
Ratched en numerosas ocasiones ve a McMurphy de una manera retadora, muy diferente a la que comúnmente dirige a los demás. Despertó en mí una sensación contradictoria cuando la protagonista lo ve: ¿es soltera y desea sexualmente a McMurphy? o ¿es una muestra de su autoridad y su moral intachable? De manera verbal, no puede saberse a ciencia cierta si es sexualmente la atracción o ve a McMurphy como un reto para curar de su locura. En cambio, confiando el comportamiento no verbal, se apuesta a que sí hay un deseo carnal, pero irrealizable; su manera de amarlo es mantenerlo bajo un estricto control represivo e injusto. Sinceramente, apuesto a lo segundo porque desde un principio la enfermera muestra un serio comportamiento de deseo: comunica que ella está libre y es soltera; necesita un hombre. Por ejemplo, en una escena donde ella cruza la pierna, se puede observar que deja ver un poco su muslo y su pecho se levanta para mostrar los senos que, tal vez, no han sido besados desde hace mucho tiempo.

El Gran Jefe con rasgos indígenas, aquel hombre alto, es uno de los personajes que parecen intrascendentes, pero conforme avanza la trama se vuelve importante e interesante. Su aspecto físico y su corpulencia se contradicen con el rostro infantil y nostálgico. En gran parte de la película, aparece como un quídam, un individuo sin importancia. Su afección es motivo por el cual los enfermeros lo tratan mal, lo denigran, lo insultan, se burlan de él. Lo toman como un ser que está y no está, es un fantasma. La seriedad y su silencio es un disfraz que sorprendió a McMurphy para evadirse de la realidad de la que escapa, sin ir más lejos, él mismo hace una alusión a la marginación que recaía sobre su padre, éste era marginado socialmente lo que lo llevó a la bebida, y la bebida a la muerte (“no es él quien bebe de la botella, sino la botella quien se lo bebía a él”). Desde el primer encuentro entre McMurphy y el Jefe hubo un gran cariño porque el primero lo respetaba e incluso jugó con él, claro está que desconocía la condición del indígena. En el transcurso de la historia se volvieron buenos amigos, incluso el Jefe confesó el engaño.

La inesperada entrada de McMurphy, criminal que se hizo pasar por un enfermo mental para no pisar la cárcel, destruye la monotonía lograda durante un largo tiempo. Con ello, trajo diversos conflictos entre él y la figura de autoridad: la enfermera Ratched. Hay entonces un conflicto entre ambos personajes: una lucha por el poder que se intensificó con la pérdida, de manera democrática, para ver el mundial. El acercamiento hacia el Jefe creó una fuerte amistad que perduró y fue afianzando con más dureza. Se volvieron amigos incondicionales.

Muestra una dura crítica por los procedimientos inhumanos de la psiquiatría de esa época; McMurphy saca a los pacientes para ir de pesca y se observa un comportamiento bastante interesante entre los participantes: se liberaron de la represión que ejerce el Instituto Psiquiátrico y dicha libertad demostró que hay una posible cura que consiste en no aislarse al cien por ciento en un edificio. El escape causó el segundo conflicto dentro del lugar.
Los problemas volvieron a intensificarse y más cuando uno de los personajes exige un cigarrillo. Estaba ansioso. La situación se salió de control y hubo un enfrentamiento entre ambos bandos que concluyó en una terapia de electroshock —en este momento, el Jefe confiesa su engaño—, el cual no surgió efecto.
Lo último que colmó el vaso fue la fiesta que organizó McMurphy que culminó con la muerte de uno de los internados, el ataque hacia la enfermera por parte de McMurphy; como represión, le practicaron a él la lobotomía Un acto de verdadero amor fue el que hizo el Jefe cuando asfixia a su amigo para liberarlo del gran sufrimiento que causó la lobotomía; después huye.
El comportamiento que desencadenó todo el drama fue el conflicto o la lucha por el poder de los protagonistas, las constantes represiones hacia los enfermos mentales, seguido por la amistad que McMurphy hizo con el Jefe, las violaciones al reglamento cometidos por el primero que fueron hechos con buena voluntad. La inquebrantable rigidez de la autoridad lo desquició.
A pesar de la crudeza en que son relatadas las desventuras de los personajes, es un largometraje muy interesante con unas excelentes actuaciones donde se critica los métodos de la psiquiatría para tratar a los enfermos mentales. Se logra mostrar la esencia de los personajes y los vuelve entrañables, incluso el nombre de Ratched aparece en la lista de los cincuenta villanos más grandes elegidos, en el 2003, por American Film Institute, al lado de Hannibal Lecter, Norma Bates y Darth Vader


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